Vocación
o lingüística
Etimología del término “Vocación”: Del
latín vocatio (acción de llamar); vocare (llamar)
¡Llamar a gritos!
Goce
vocálico. Mítico origen gutural del habla. En vez los idiomas integran organizaciones
sociales y jurídicas más
complejas
que la de las primitivas hordas hablantes. Sin entrar en tecnicismos, recordemos
que no todo hablar
corresponde
a la dimensión de un idioma: dialectos, jergas, idiolectos, metalenguajes, etc.
A la manera de las series complementarias, de una parte pensamos el goce y de la otra, la ley. Modo de examen que arrastra un positivismo
-pretendidamente-
vestigial. Cuadrillas chillonas, fueron los primeros hombres de letras. Los
mitos y religiones no dejan
–no
cesan- de relatar la necesaria pérdida de goce en la constitución de las
civilizaciones: YHWH -le
Tétragramme, Dieu d'Israël, un des
noms désignant Dieu-, Jehova o Yahveh.
Que ya
no grita; la letra
debe subsumirse –de acuerdo con la ley- a un orden. El
hombre de letras no cesa de no substituirse
por el hombre sintáctico, o también no
cesa de no inscribirse. Pretendemos haber ubicado un nuevo modo de decir (d)el “malestar en la
civilización”.
En resumen un "Test Vocacional"
equivaldría a un “dime cómo gritas y te diré qué quieres”.
Elegir, según la vocación,
valdría
como
un intento de encontrar lo que resta (siempre en clave
positivista) de la
Castración SIMBÓLICA[1]