“Tabla Periódica”
Hacia
la formalización de nuevas estructuras discursivas
Anticipos del libro “Génesis del Sujeto en el
Hombre”
Durante el
período de su enseñanza que va de 1969 a 1970, Jaques Lacan ideaba –sin que él
mismo lo supiese- las bases de una “tabla
periódica” de los discursos (aquí equiparados a la Tabla periódica de los
elementos que elaboró Mendeléiev). En ella podremos notar que hay un lugar
reservado, hipotéticamente, para veinticuatro “elementos” –que homologamos a
discursos- Esto sin contar “isótopos radiactivos” –variantes químicas de un
mismo elemento-, aún hoy, no inventados ni descubiertos[1].
Inauguralmente, fueron propuestos cuatro.
Denominados discurso del amo, del psicoanalista, del analizante o histérico y
universitario. El mencionado en tercer lugar tuvo enseguida un “isótopo”, que
se denominó dialecto obsesivo.
Ponemos sobre aviso de que se trata de un discurso soporífero y pesado, en el
sentido “neutrónico” –anula diferencias-; con fuerte tendencia globalizante, lo cual viene a empobrecer
la variedad de la cultura.
Paréntesis mediante, formalizar los
discursos, consigue reproducir y acertar en lo tocante a la arquitectura dinámica de los lazos que
establece cada quien con el prójimo. Muestran y permiten explicar cómo se
plantean esos lazos y -lo más contundente- captar que toda esta operatoria se
juega en un campo que resulta relativamente autónomo, respecto del significado
de las palabras que se digan. El desarrollo de estas fórmulas permite captar la
autonomía de las estructuras respecto de la dimensión semántica del lenguaje.
Modificando parcialmente la fórmula de R.
Barthes, para quién no hay lenguaje sin
cuerpo, proponemos a cambio que no
hay cuerpo –erótico- sin discurso; vale decir, sin estructura. Los animales superiores, por ejemplo,
entienden palabras pero no integran discurso alguno. En una segunda vuelta
deberíamos detallar cómo el discurso hace
al cuerpo de la subjetividad.
A continuación daremos una breve definición
de los componentes en juego y su distribución variable en cada de estas
fórmulas, con la finalidad de ilustrar -de manera participativa- los modos de
lectura y la fisiología de estos
verdaderos y prácticos procesadores del goce[2];
recordando –cuestión que las fórmulas tienden a opacar- que se trata de la
puesta en acto de una lógica no binaria.
Elementos en juego
Resto: objeto a; sinónimo de lo inabsorbible en cualquier operación de la que se
tratare. Concebido por Lacan como plus de
goce, en línea con la idea de plusvalía que elaboró Karl Marx. Denota al
objeto de la pulsión. Equivale, a diferencia de la noción marxista, a un factor
en principio[3]
no capitalizable por la subjetividad del hablante.
Significante maestro: letra S, subíndice 1; elemento que establece y
denota el campo de cualquier experiencia de la que se tratare.
Sujeto dividido: letra S, cruzada por una barra. Único sujeto apto para hacer un uso de la
palabra inscripto en las redes sociales del discurso. Esquemáticamente, lo
dividen los significantes y el objeto a. Antropológicamente,
en psicoanálisis preferimos aludir a dicha división con la terminología de castración simbólica, en el campo
dispuesto por el complejo de Edipo.
Saber: letra S, subíndice 2. Todos los otros significantes que no son maestros, constituyen la “masa crítica” de una lengua.
Saber cuyas dimensiones serán la textual y la referencial.
En cuanto a
los lugares.

1: lugar del agente. Lo proferido parte de
aquí.
2: lugar del otro. Destinatario de lo que
proviene de 1.
3: lugar de la verdad, respecto del agente.
4: lugar de la producción. En términos prácticos
representa lo que suele escapar a los objetivos declarados en una posición
discursiva así planteada.
Ahora, por fin, presentamos los primeros
discursos o matemas que fueron escritos en el seminario de Lacan.
Universidad Amo
Histérico Psicoanalista

Si bien se debería efectuar una lectura
exhaustiva de cada uno de ellos, optaremos por una breve glosa.
El discurso
del amo, también conocido como del inconsciente,
muestra que el significante amo, en
tanto agente, se dirige a sus esclavos -el saber-, los cuales para él trabajan.
Lo hace desde un lugar cuya verdad es
su castración simbólica. El producto
de este discurso es un resto que no se logra dominar. Un elemento no buscado
pero necesario a la estructura, que la relanza –deseo inconsciente- de modo
incesante.
El discurso
histérico muestra cómo, desde el lugar del agente, el sujeto dividido se
dirige al amo. Su verdad la
constituye su condición de objeto. Si logra sostener la distancia con el amo –o
sea histeriquea- se producirá algún saber, de cierto valor
para el sujeto.
El universitario
sería un discurso del amo reforzado porque se desentiende del sujeto, ubicado
como producto.
And, neither last not least, el del psicoanalista. Constituyendo su hábito con los restos del discurso amo, interpela al sujeto
desde un lugar cuya verdad es el
saber inconsciente. El psicoanalista, en su práctica, presta especial atención al
producto propio de este discurso. Se trata de un significante unitario. Su
detección fomenta el inicio de nuevas sucesiones asociativas; vinculadas al
deseo inconsciente. Con este elemento se irá constituyendo la trama de la
operación analítica.
Hasta aquí hemos expuesto lo clásico
sobre el tema. Tiempo después, Jaques Lacan escribe el llamado discurso canalla o capitalista. Lo caracterizó, textualmente, como “Muy astuto, pero destinado a reventar, en fin es el
discurso más astuto que se haya jamás tenido. Pero destinado a reventar.”[4]
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Canalla,
porque desde una pseudo-castración simbólica, el sujeto agente emite desde un lugar cuya verdad es estar aferrado al significante amo en el lugar de la
verdad. Dirigido hacia el mercado –
los consumidores- y, por su posición de partida, este discurso conlleva su
contradicción, su síntoma, en torno al producto
propio, el objeto a. Promotor
pulsional y causa del
deseo, en
parte se reintegra, constituyendo el círculo vicioso consumista, y al mismo
tiempo, otra fracción se acumula y complica inexorablemente al sistema. Otra de
las trampas en este discurso, locamente astuto[5], es que el capital significante –S sub2- proviene del lugar del otro.
Las expresiones de Lacan se relacionan –a mi entender- con el hecho de que
nadie había logrado cuestionar seriamente esta
estructura discursiva. A modo de ejemplo, podemos referirnos al tema de la
corrupción en nuestra república. No necesitamos ser explícitos para imaginar a
cuantos personajes reconoceríamos, instalados en este discurso[6].
En lo inherente
al llamado discurso científico,
diferimos con Lacan (no lo identificamos con el del arte)
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Discurso
parecido al de la universidad pero donde el saber queda como supuesto
inapelable y el agente viene a
complementar el cerrojo. Recurrimos a
este símil porque, por el hecho de que los significantes se agrupen del lado
del agente y la verdad, resulta muy difícil el inter-juego necesario a la
subjetividad. Aclaremos que cuando decimos discurso científico no nos referimos
a la instancia creativa o inventiva que pudiese generar un investigador
científico. Para despejar malos entendidos, sería mejor denominarlo Discurso del superyo. Se trataría,
entonces, de un lazo social que, en tanto tal, posee características
herméticas. También corresponde a la actitud de alguien del cual decimos que
está “cerrado”, en el plano mental.
Proponemos al
discurso del arte como una entidad
diferenciable del anterior y, por consiguiente, con un matema específico.
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Se articula de
modo tal que desde un lugar de savoir faire -el del artista- y en el
que cuya verdad implica a lo esencial
de su dimensión subjetiva, parte hacia el objeto a. Objeto que para el caso adquiere, como pensaba Heidegger, el
valor de un vacío. No cualquiera puede ser artista: allí donde el hombre común
siente horror y retrocede, el artista, en cambio, es alguien con coraje y
habilidad para soportar y crear a partir de dicho vacío. Observamos entonces
como el lado izquierdo de la fórmula nos muestra los fundamentos de la
producción artística. Nos ilustra cómo se sitúa quien sabe aportar, a la experiencia perceptiva de la sociedad, algo de
lo imposible[7], presente en todas
las cosas. El producto resultante de
esta posición –S sub 1- suele dar lugar a nuevas incitaciones del deseo
inconsciente como así también a los significantes amo que circulan en el
mercado del arte.
Por último,
creemos diferenciar como entidad
específica
al discurso de la
religión, en su vertiente fundamentalista
o inquisidora.
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A la manera de una
ciencia cerrada e inexpugnable –se podrá notar en el gráfico la similitud con
el discurso de la ciencia- el sujeto, sufriente por definición, queda apresado
por la malla apretada de un tejido, constituido por ideales unívocos e
inapelables. Tal como sucedía en la era nazi o en diversas inclinaciones
ideológicas actuales o pretéritas. También se puede presentar bajo formas
larvadas. Representa otro de los discursos del superyo.
El resto, en el lugar de la producción, tiende a reintegrarse, a ser
reabsorbido por el orden significante. Esto último conduce a conferirle al
cuerpo (siempre libidinal) –sea en su
vertiente erótica o agresiva- una consistencia inusitada, proclive
–literalmente- al estallido del
mismo.
Se trataría de una
acentuación –mórbida- de lo que solemos postular respecto de dicho objeto a: lo que le da cuerpo al cuerpo. Delitos
sexuales, atentados suicidas, terroristas y demás calamidades por el estilo, se
revelan demostrativas de cómo actúa la mezcla explosiva presente en este lazo antisocial.
Aspiramos a que la
formalización propuesta enriquezca la lectura y la escucha del fenómeno
discursivo. Variadas son las cuestiones que se nos plantean en tanto
psicoanalistas. Entre las cuales están
las asociadas a las declaraciones canallas o de pretendidas purezas, y esto último no sólo respecto
de los consabidos fundamentalismos. Considerar la operatoria de los discursos
podría conducir a una ampliación de la escucha analítica.
Dr. Carlos Norberto
Mugrabi
Médico Psiquiatra y
Psicoanalista.
[1]Que sirvan estas líneas de incitación a la aventura.
[2]De cuño hegeliano, entiéndaselo a este término como el
resultado forzoso de que la especie haya “perdido” el instinto.
[3]Otras consideraciones se deberán hacer cuando el sujeto
haya accedido a un fin de análisis.
[4]¿A la gente?
[5]Lacan dixit.
[6] Decididamente
pre-neurótico.
[7]Lo inefable.