El término inconsciente, en psicoanálisis,
denota específicamente un saber no sabido. Por lo tanto la enseñanza del
psicoanálisis no debe consistir en desenrollar los conocimientos como si se
tratara de los géneros que se venden en las tiendas. Preferimos la transmisión:
de inconsciente a inconsciente.
De este modo algo va precipitando; algo que
nunca deberá constituir un saber coagulado. El psicoanálisis no es ni un dogma
ni una doctrina sino una guía para la escucha, una praxis de la escucha.
Partiendo de estas premisas comenzaremos a
plantear algunos elementos que hacen a la Fobia, que puede considerarse en
varios sentidos.
Partiremos de la acepción común, popular que
denota miedo exagerado a algo. También, aunque más raramente, tiene una
connotación de rechazo.
Esta acepción silvestre no sólo no resulta
desmentida por nuestra práctica sino que constituye el punto de inicio del
análisis.
Podemos encontrar fobias, en un sentido
amplio, en prácticamente todas las estructuras clínicas.
Fase de entrada en las neurosis; síntoma en
la neurosis fóbica propiamente dicha o presente en diversos grados en psicosis
y perversión.
Examinaremos algunos aspectos de un caso
clínico de “Fobia a las Gallinas” presentado por Helen Deutsch y que propone
Lacan en el seminario De otro al Otro.
Caso Clínico: Joven criado en el campo.
Consulta a Helen Deutsch a los 20 años de edad. Inducido por la familia a raíz
de conductas homosexuales.
Él decía, no obstante, que era muy viril en
su conducta sexual con otros hombres. Aludía con esto a un papel activo durante
el contacto sexual. La elección de objeto era narcisista: se fijaba en varones
con un cuerpo similar al de él. Del relato en el análisis surge la fijación a
un hermano 10 años mayor.
Durante el análisis de este paciente se
reconstruye lo que podemos denominar
como “La escena traumática”. Se produce a los 7 años, un caluroso día de
verano. Estaba Jugando en el patio de la casa de campo con el hermano. De
improviso y tomándolo por sorpresa el hermano, de 17 años, le saltó encima y
por detrás y le gritó –I’m the cock, you’re the hen-.
El paciente intenta defenderse pero sólo
atina a gritar con rabia –I won’t be a
hen.
A partir de aquí el miedo al hermano se va
desplazando hacia las gallinas.
Aclaremos
que con la escena traumática que referimos no alcanza para producir una
neurosis fóbica.
Los elementos de la historia consignados en
el caso clínico sí permiten darle asidero a lo que caracteriza a esta neurosis.
Tenemos entonces como antecedentes: relación con la madre y durante el cuidado
de las gallinas ponedoras. El niño le decía a la madre, (o la madre fomentaba
en el niño) cuando ella lo bañaba, si quería tantearlo como a las gallinas que
estaban por poner huevos. A medida que iba creciendo esto se fue sintomatizando
y empezó a tener trastornos defecatorios. Depositaba heces como huevos por los
rincones de la casa. El paciente no se explicaba el enojo de su madre que sí se
mostraba alegre con las gallinas ponedoras. Trae el recuerdo de apareamientos entre gallos y gallinas. El se
imaginaba en la posición de la gallina.
Cuando el hermano parte de la casa el se
tranquiliza y la fobia cede un poco. En una ocasión intenta reproducir con una
empleada de la casa una escena sexual que vio entre el hermano y dicha
empleada. Pero a él esta lo rechaza y lo denuncia ante la familia. Esto motiva
que lo envíen como pupilo a una escuela. Cuando regresa a la casa, a los 17
años, tiene su primera relación homosexual, con otro joven, desarrollando un
papel activo. Al regresar se entera de la homosexualidad del hermano.
Estos datos históricos nos permiten una
primera explicación: primero es feliz, el narcisismo esta en continuidad con la
madre. Vive en un espacio afectivo bien delimitado, sin mayores exigencias. El
ataque del hermano hace surgir la angustia. Se altera la relación imaginaria,
la relación narcisista que él mantenía con su mundo.
La fobia constituye el intento de restablecer
el equilibrio perdido e implica la sustitución del objeto de la angustia por un
significante rígido, cargado de sentido que por la fijeza se podría leer como
letra, litoral entre lo simbólico y lo real del goce del Otro. Se busca
transformar la angustia en miedo.
O sea que coincidimos con Lacan al plantear
que el sujeto a partir del trauma (real) empieza a saber lo que antes vivía con
felicidad y donde sentía que podía, en la medida en que su narcisismo estaba en
continuidad con la madre. Disyunción entre saber y poder, como postula Lacan en
dicho seminario.
La terceridad que implica la castración
irrumpe a partir del complejo fraterno, subsidiario del complejo de edipo.
Opera el padre real, como agente de la privación(falta el significante). La
i(a) que es la imagen narcisista, amable, planteada como simétrica al yo, y
presente en la relación con el semejante. La escena traumática rompe la i y
esto hace surgir lo que se halle puesto entre paréntesis. Desde aquí caben
varias posibilidades. Según la estructura
de la que se trate o psicosis o no psicosis. Lo real de la cosa, el goce del
otro o el objeto de la pulsión. El caso mencionado responde con alguna marca
significante que habría operado previamente.
La concepción del espacio fantasmático en la
fobia oscila entre un espacio euclidiano, por lo tanto previsible y cerrado
entonces de algún modo o el terror de una apertura al infinito del goce del
otro: hipérbola equilátera. Tenemos que el significante engendra, por el corte,
a la superficie. Pero el significante fóbico, por su fijeza deberíamos pensarlo
como letra: proximidad con el objeto, pesadez del significante remedando un
signo, etc.
Ensayar
respuestas a la pregunta de por qué la vertiente homosexual en no pocas fobias.
La fobia como defensa ante la homosexualidad o más bien al goce del otro. Es
una fase o una neurosis. Esto va a depender de la intervención del significante
del nombre del padre. En la fobia dicho significante, que instaura la
significación fálica, está dislocado, corrido de lugar. Por lo tanto el
discurso adquiere un carácter poco discriminado y el espacio se torna cerrado o
abismal. El significante fóbico se especifica por ser devorador, superyoico. Se
propaga en la realidad del sujeto complicándolo. Comodín?. Expansión de la fobia.
El significante fóbico lo defiende y a la vez lo confronta con la angustia,
aunque la ganancia está dada por constituir así un espacio.
No
es una defensa contra la homosexualidad sino contra el goce del Otro. La
elección homosexual sería una variante, mediatizada por un fantasma bastante
precario, de dicha defensa.
Una cosa es cuando la IP producto de la RP
haya operado bien, entonces en la fase fálica no se presenta la angustia de
castración como vivencia insoportable. En la fobia ese 1° paso está desplazado
por lo tanto la Fase Fóbica irrumpe bajo la aparición de la angustia de
castración.
En
1925 Freud en I S A toma el caso Hans, de 1909: miedo a ser mordido por el
caballo. El padre sospecha del miedo a un gran pene: caballo y
madre---------Angustia de castración. La madre lo amenazó a los 3,5 años pero a
los 5 surge el peligro incestuoso. La cosa no está prohibida en sí misma. Se requiere
la terceridad. El pene es el órgano en donde se imaginariza el falo en tanto
símbolo de la procreación, y la dimensión generacional. Lo cual le posibilita
al sujeto constituir un espacio deseante. Padre invasor y mudo a la vez.
Si
el padre real falla, lo demás también: simbólico e imaginario. El padre
imaginario hipertrófico: Hanz, Kafka.
Cuando
la sexualidad infantil ingresa en la fase fálica el placer de órgano se
transforma en angustia debido al peligro incestuoso.
Aquí
juega el padre simbólico: falta en lo imaginario de un objeto real. (real:
falta en lo simbólico de un objeto imaginario). PI: falta en lo real de un
objeto imaginario. El padre imaginario frustra. La fobia equivale a lo que L.
Strauss planteó para los mitos desde el punto de vista antropológico pero a
nivel individual.
Articular:
placa giratoria-perversión-fetiche. Ensayar relación entre padre imaginario y
vicisitudes fantasmáticas.
La
i(a) es la imagen especular del m, más un real, con lo cual se constituye la
imagen del semejante y la vivencia del cuerpo. El yo siempre intenta reparar el
daño en la imagen con lo que puede y no esté reñido con el yo ideal.