EL ORO DE LOS TIGRES

 

 

Jorge Luis Borges

 

AL IDIOMA ALEMÁN

Mi destino es la lengua castellana,

el bronce de Francisco de Quevedo,

pero en la lenta noche caminada

me exaltan otras músicas más íntimas.

Alguna me fue dada por la sangre-

oh voz de Shakespeare y de la Escritura-,

otras por el azar, que es dadivoso,

pero a ti, dulce lengua de Alemania,

te he elegido y buscado, solitario.

A través de vigilias y gramáticas,

de la jungla de las declinaciones,

del diccionario, que no acierta nunca

con el matiz preciso, fui acercándome.

Mis noches están llenas de Virgilio,

dije una vez; también pude haber dicho

Hölderlin y de Angelus Silesius.

Heine me dio sus altos ruiseñores;

 Goethe, la suerte de un amor tardío,

 

a la vez indulgente y mercenario;

 

 Keller, la rosa que una mano deja

 

en la mano de un muerto que la amaba

 

y que nunca sabrá si es blanca o roja.

 

Tú, lengua de Alemania, eres tu obra

 

capital: el amor entrelazado

 

de las voces compuestas, las vocales

 

abiertas, los sonidos que permiten

 

el estudioso hexámetro del griego

 

y tu rumor de selvas y de noches.

 

Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde

 

de los años cansados, te diviso

 

lejana como el álgebra y la luna.