Característico de las sociedades humanas es su incesante reaparición. La
traducción antropológica de las estructuras lógicas y topológicas subyacentes a
las mismas, determina, con ligeras variantes fenoménicas, entre las múltiples y
singulares comunidades -habidas y existentes- por un lado el horror
al incesto y por el otro la prohibición de la endogamia. Ordenadores
fundamentales de la experiencia humana. Dos caras de una única -hasta el
momento- moneda lógicamente válida, para regir los intercambios sexuales de la
comunidad. Una reflexión, con visos de ingenuidad, nos conduce a la idea de que,
si se administrara bien la cuestión
mejorarían los efectos de la falta –inexorable por estructura- de
adecuación entre los seres hablantes.
Hemos comprobado, respecto del funcionamiento de dichos ordenadores, la presencia
de una complicación de carácter universal. Por lo que se ha experimentado en la
historia del hombre hasta la fecha, parecería
inevitable presuponer que, dicha complicación, seguirá ocurriendo. Se
trata de un factor cuyo efecto es impedir el establecimiento pleno de la
estructura (neurótica) La cual se establece como producto a partir de un buen
uso de la “moneda” planteada. Podemos admitir que a raíz de tal complicación, sí
hay inconsciente colectivo y no hay neurosis universal.
Entonces, al suplantar el objeto del horror con el de la prohibición se
produce algo que equiparamos a una devaluación monetaria. De esta manera, lo
que resulta es algo bastante extraordinario, y es que el incesto se concibe prohibido
–en vez de estar afectado por el horror- y el horror se desplaza al ámbito de exogamia.
Estaríamos así frente a un contrasentido y a un lapsus “voluntario” de la
estructura.
A consecuencia del mencionado quiasma se obtiene una cuasi-moneda
(no convertible pero de circulación universal); causa del embrollo de la
economía –libidinal- de los sujetos. Reiteramos que esta entidad viene a ser lo
único que circula en el orbe.
Con esto no pretendemos explicar todos los sucesos ni proponemos alguna corrección concreta del factor. Pero sí advertir que cuando aplicamos este criterio en la lectura de los fenómenos, podemos captar una variedad de coyunturas antropológicas y subjetivas debidas a este factor extra-neurótico. O más precisamente, que fija a los sujetos a un estado pre-neurótico.