Más
Allá del Bien y del Mal
Carlos Norberto
Mugrabi, el judío, cita al ario Friedrich Nietzsche
“250
¿Qué debe Europa a los judíos? - Muchas cosas, buenas y
malas, y ante todo una que es a la vez de las mejores
y de las peores: el gran estilo en la moral, la terribilidad y la majestad
de exigencias infinitas, de significados
infinitos, todo el romanticismo y sublimidad de las problemáticas
morales - y, en consecuencia,
justo la parte más atractiva, más capciosa y más selecta de aquellos juegos de
colores y de aquellas seducciones
que nos incitan a vivir, en cuyo resplandor final brilla - tal vez está
dejando de brillar - hoy el cielo
de nuestra cultura europea, su cielo de atardecer. Nosotros los artistas
entre los espectadores y filósofos
sentimos por ello frente a los judíos - gratitud.
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Es preciso resignarse a que sobre el espíritu de un
pueblo que padece, que
quiere
padecer de la fiebre nerviosa
nacional y de la ambición política - pasen múltiples nubes y
perturbaciones o, dicho brevemente, pequeños
ataques de estupidizamiento: por
ejemplo, entre los alemanes de hoy, unas veces la estupidez antifrancesa,
otras la antijudía, otras la antipolaca,
otras la cristianoromántica, otras la wagneriana,
otras la teutónica,
otras la prusiana (contémplese a esos pobres historiadores, a esos Sybel y Treitzschke y sus cabezas
reciamente vendadas -), y como quieran llamarse todas esas pequeñas
obnubilaciones del espíritu y la conciencia
alemanes. Perdóneseme el que tampoco yo, durante una breve y
osada estancia en terrenos muy
infectados, haya permanecido completamente inmune a la enfermedad,
y el que a mí, como a todo el mundo,
hayan empezado ya a ocurrírseme pensamientos sobre cosas que en nada me atañen:
primera señal de la
infección política. Por ejemplo, sobre los judíos: óigaseme. -
Todavía no me he encontrado con ningún alemán
que haya sentido simpatía por los judíos; y por muy incondicional que sea la
repulsa del auténtico antisemitismo
por parte de todos los hombres previsores y políticos, tampoco esa previsión y
esa política se
dirigen, sin embargo, contra el género mismo del sentimiento,
sino sólo contra su peligrosa inmoderación,
en especial contra la expresión insulsa y deshonrosa de ese inmoderado
sentimiento, - sobre esto no es lícito
engañarse. Que Alemania tiene judíos en abundancia
suficiente,
que el estómago alemán, la sangre alemana
tienen dificultad (y seguirán teniendo dificultad durante largo tiempo) aun sólo
para digerir y asimilar
ese
quantum
[cantidad] de «judío» - de igual manera que lo han digerido
y asimilado el italiano, el francés,
el inglés, merced a una digestión más robusta -: eso es lo que dice y expresa
claramente un instinto general
al cual hay que prestar oídos, de acuerdo con el cual hay que actuar. «¡No dejar entrar nuevos judíos! ¡Y,
ante todo, cerrar las puertas por el Este (también por el Imperio del Este)!»,
eso es lo que ordena el instinto
de un pueblo cuya naturaleza es todavía débil e indeterminada, de modo que
con facilidad se la podría hacer
desaparecer, con facilidad podría ser borrada por una raza más
fuerte. Pero los judíos son, sin ninguna
duda, la raza más fuerte, más tenaz y más pura que vive ahora en Europa; son
diestros en triunfar aun en las
peores condiciones (mejor incluso que en condiciones favorables), merced a
ciertas virtudes que hoy a la
gente le gusta tildar de vicios, - gracias sobre todo a una fe decidida, la cual
no necesita avergonzarse frente
a las «ideas modernas»; los judíos se modifican siempre,
cuando
se modifican, de la misma manera que el
Imperio ruso hace sus conquistas, - como un Imperio que
tiene tiempo y que no es de ayer -: es decir, de
acuerdo con la máxima «¡lo más lentamente posible!» Un pensador
que tenga sobre su conciencia el futuro
de Europa contará, en todos los proyectos que trace en su interior sobre ese
futuro, con los judíos y asimismo
con los rusos, considerándolos como los factores por lo pronto más seguros y
más probables en el gran
juego y en la gran lucha de las fuerzas. Lo que hoy en Europa se denomina
«nación», y que en realidad es
más una
res facta
[cosa
hecha] que
nata
[cosa nacida] (incluso se asemeja a veces, hasta
confundirse con
ella, a una
res ficta et
picta
[cosa fingida y pintada] -), es en todo caso algo que está en devenir, una
cosa
joven, fácil de desplazar, no es todavía una raza y mucho menos es algo
aere
perennius 163
[más perenne
que el bronce], como lo es la raza judía: ¡esas naciones deberían, pues,
evitar con mucho cuidado toda concurrencia
y toda hostilidad nacidas de un calentamiento de la cabeza! Que los judíos,
si quisieran - o si se
los coaccionase a ello, como parecen querer los antisemitas -,
podrían
tener ya ahora la preponderancia e
incluso, hablando de modo completamente literal, el dominio de
Europa, eso es una cosa segura; y también
lo es que no trabajan ni hacen planes en ese sentido. Antes bien, por el
momento lo que quieren y desean,
incluso con cierta insistencia, es ser absorbidos y succionados
en Europa, por Europa, anhelan estar fijos
por fin en algún sitio, ser permitidos, respetados, y dar una meta a la vida
nómada, al «judío eterno» -; y se
debería tener muy en cuenta y complacer esa tendencia y ese
impulso (los cuales acaso manifiesten una
atenuación de los instintos judíos): para lo cual tal vez fuera
útil y oportuno desterrar a todos los voceadores
antisemitas del país. Se debería acoger a los judíos con toda
cautela, haciendo una selección; más o menos,
como actúa la nobleza inglesa. Resulta manifiesto que quienes podrían entrar en
relaciones con ellos
sin el menor escrúpulo son los tipos más fuertes y más firmemente troquelados
ya de la nueva germanidad,
por ejemplo el oficial noble de la Marca: tendría múltiple interés ver si no
se podría hacer un injerto, un
cruce entre el arte heredado de mandar y obedecer - en ambas cosas resulta hoy
clásico el mencionado país
- y el genio del dinero y de la paciencia (y sobre todo,
algo de espíritu y de espiritualidad, que tanto faltan
en el mencionado lugar -). Sin embargo, lo que aquí procede es interrumpir mi
jovial alemanería y mi solemne
discurso: pues estoy llegando ya a lo que para mí es
serio,
al «problema europeo» tal como yo lo
entiendo, a la selección de un nueva casta que gobierne a Europa.
–“