Crisol de Razas
Una saga del siglo XXI
Contradigo al poeta –tal vez la niebla[1] no le permitió apreciar cómo son las cosas- que nos canta: “…pero los argentinos venimos de los barcos,…”
Desarrollar un serio proyecto genográfico me lleva a decir enfáticamente: Los argentinos nacemos en diversas partes del orbe. Alguien puede ser argentino aún antes de saberlo o poseer la documentación requerida al ciudadano.
En Francia, Italia, España, Lituania, Estados Unidos, Canadá, Rusia, Turquía, Polonia, Siria, Alemania, Reino Unido, Argentina, Líbano, Palestina, Israel, China, Japón, Corea, etc. etc. etc. Nacen y se forman argentinos.
Hay ciudades o regiones que se caracterizan por una altísima producción de argentinos: Nápoles, Galicia y Medio Oriente. Vale recordar que algunos argentinos jamás han venido ni vendrán a esta tierra sudamericana.
Luego de nacer, pueden pasar pocos o muchos años –da igual- porque argentino se nace, pero –reiterémoslo- en cualquier parte del globo, hasta que el grueso de los argentinos –por fin- logra acceder a su tierra prometida, en Sudamérica[2].
Nuestro amado Borges –que no se llamaba
Amado si no Jorge Francisco Isidoro Luis- se preguntaba: -¿qué pasó con los negros?-,
-¿adónde se han ido?-. Sostengo que, la huida o desaparición, de la gente de raza negra de la Argentina es
aproximada y directamente proporcional a la llegada de argentinos a la
Argentina. Con esto no pretendo insinuar que los negros nos desprecian....
Recurro otra vez a nuestro Jorge Francisco
Isidoro Luis, quien refiere, en una de las estrofas de su poema “El Reloj de Arena”:
“En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo[3].”
Al leteo hay que permutarlo por Río de la Plata. Vale decir que, del mismo modo que las almas en el Topos Uranos, antes de descender a un cuerpo, pasaban por el río de olvido, los argentinos –cosmopolitas por antonomasia- encontramos el olvido cuando pasamos –en cualquier sentido- por el Río de la Plata, nuestro río del olvido.
Elegir Genève (Ginebra) para no seguir viviendo (o sea morir) prueba –en Borges- esta hipótesis de cómo se forma un argentino: urbi et orbi.
Carlos Norberto Mugrabi
18/11/06